Unicef asegura que jamás muchos pequeños y pequeñas habían necesitado de asistencia humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Ocho millones de inferiores de cinco años están bajo riesgo de fallecer por desnutrición aguda grave en 15 países. Esto hay que en parte a que uno de cada seis pequeños y pequeñas en el planeta, mucho más de 450 millones en conjunto, vive en una región de enfrentamiento o se vió alejado de sus hogares, así sea por la crueldad que se vive en sus territorios o por el cambio climático.

La situación de la niñez se ve perjudicada por el enfrentamiento en Ucrania pero asimismo por la inseguridad alimenticia extendida, por las hambrunas en el Cuerno de África, por las crecidas de agua en Pakistán, por los brotes de cólera y sarampión, pero más que nada por el cambio climático que está tras una gran parte de las desgracias humanitarias del siglo XXI.

Son datos del informe Humanitarian Action for Children Appeal que revela hasta qué punto el tiempo está incrementando la pobreza y las crisis humanitarias al punto que el día de hoy unos 400 millones de pequeños y pequeñas no disponen del agua precisa y otros muchos tienen su historia en riesgo por el incremento de las primordiales anomalías de la salud que causan la mortalidad infantil: la diarrea, la malaria, el cólera y la desnutrición.

Las perspectivas para 2023 no son mejores. La ONU advirtió hace dos semanas que un récord de 339 miles de individuos, una de cada 23 personas en el planeta y 65 millones mucho más que en 2022, precisarán asistencia humanitaria en los próximos meses. Esto ha animado que el Fondo de ONU para la niñez haya lanzado el mayor llamamiento de fondos de toda su crónica: 10.300 millones de dólares americanos para llegar a 110 millones de pequeños y pequeñas.

El representante de la oficina de acción humanitaria de ONU (OCHA en sus iniciales en inglés), Eri Kaneko, comprobaba la ironía y la injusticia que quiere decir que los países mucho más damnificados por las secuelas de la crisis climática sean los que menos han contribuido a ella y resaltaba la necesidad de que el financiamiento climático llegue no solo a los países atacables sino más bien a la gente mucho más atacables, en especial a la niñez. “Aguardamos que 2023 sea un año de solidaridad”, demandaba.

Una solidaridad que debería llegar con apariencia de políticas públicas redistributivas, desde los países mucho más favorecidos hacia los que tienen menos, pero asimismo en nuestros territorios.

En Cataluña la situación no es la del cuerno de África pero se ha empeorado en el último año y las entidades que atienden a la gente mucho más atacables alertan de lo que puede ocurrir en 2023 si no actuamos. Càritas Barcelona anunciaba antes de Navidad que 9 de cada 10 familias atendidas por la entidad, unos 7.000 hogares en Barcelona, se vió obligada a achicar los costos de nutrición a consecuencia de la crisis y la inflación. Esto representa un encontronazo directo en la salud de los pequeños, pequeñas y jovenes que viven en estas familias que dejaron de consumir alimentos frescos imprescindibles para su acertado avance.

El apetito es una crueldad discreta, nos afirmaba el premio Nobel Amartya Sen en 2007. En ese instante existían provisiones suficientes para dar de comer a la población mundial pero cada vez las secuelas del cambio climático hacen que este sea una meta mucho más bien difícil de hallar. Amartya Sen meditaba sobre la paradoja que representa que a nivel político permanezca un consenso con en comparación con derecho a la propiedad pero no con relación al derecho a no padecer apetito.

La filósofa Rosi Braidotti en su nuevo libro Feminismo poshumano enseña como el humanismo fue útil pues diseñó un emprendimiento emancipatorio básico que sentó la iniciativa de que el nivel de avance de una sociedad se mide por de qué manera se habla a las mujeres, a la niñez, a la gente discapacitadas, LGTBI o en situación de esclavitud. Cuestiona, tal como lo realiza asimismo el feminismo, por qué razón ciertos humanos se consideran “mucho más humanos”. Llegó el instante de cuestionarnos qué género de humanos y poshumanos deseamos ser y qué contestación ofrecemos a los enormes desafíos que disponemos planteados como humanidad, en especial al apetito.

Backlink al informe Humanitarian Action for Children Appeal