El Bueno Arenas Albacete Basket olvidó su mal año 2022 con el más destacable estreno viable en el 2023. Un triunfo de categoría frente a un lobo con piel de cordero. Y sucede que, más allá de la frágil situación liguera del Melilla Sport Capital, la plantilla de la región autónoma convirtió el Javier Imbroda en un fortín a lo largo del presente curso. De ahí que cobra particular valor la actuación dibujada por un grupo albaceteño que logró hincar la rodilla a un contrincante directo en sus pretensiones por huír de la quema.

Madrugó mucho más el grupo local con un parcial 11-5 construido en la pintura merced al buen llevar a cabo de Alex Thompson y Bamba Fall. La extensión de la pareja de interiores del decano logró estragos en un aparato inútil de frenar su producción anotadora a lo largo de los diez minutos iniciales. Ahora en el segundo cuarto, el pulso se transformó en un correcalles sin orden ni concierto para desesperación de Óscar Lata y David Varela. Un patio de instituto en el que relucieron con luz propia Blat, Jacobs y Aurrecoechea. El primero se ocupó de dibujar el cuadrante del parqué, el segundo transformó la pelota en un juguete de empleo especial para anotar o plegar el pase plus, y el tercero obsequió un extenso catálogo de argumentos en el poste bajo. Frente al empuje de ese tridente, a absolutamente nadie extrañó la remontada del grupo albaceteño merced a una bandeja con mano izquierda del propio Blat (24-26, min. 17). Desde ahí hasta el reposo, el ala-pívot madrileño mantuvo la rápida virtud en el marcador con una portentosa actuación individual que le logró rozar el doble doble con 11 puntos y nueve rebotes antes del paso por los vestuarios.

Exactamente el mismo adornado se sostuvo en un tercer cuarto en el que, excepto Bamba Fall, Blat y un Dimakopoulos que apuntó buenas formas en su estreno, todos y cada uno de los players prosiguieron en su especial recreo. Los nervios se hicieron presentes en 2 equipos desgastados mentalmente y con varios espectros en sus mochilas. Una sucesión de fallos en la publicación y desajustes en defensa dejó al público congregado en el Javier Imbroda gozar de un último cuarto que se antojó mucho más definitivo que jamás.

Diez minutos finales en los que David Valera ajustó su defensa para obligar al Melilla a vivir en el perímetro. Una resolución osada que cortocircuitó el ataque de los tipos de Óscar Lata al unísono que cuajó una renta que no dejó de medrar lentamente pero sin pausa. Del 59-58 se pasó a un contundente 59-65 a pocos 2 minutos para la ducha merced a un parcial 0-7 que abrochó Santana con un triple desde la lámpara. Abierta la senda de la victoria el resto fue caminar el sendero desde la defensa reduciendo la producción anotadora del quinteto melillense a solo nueve muchos en el último baile. Para esto fue preciso templar los ánimos, bajar las pulsaciones y asistir de manera asidua a la línea de tiros libres para garantizar un triunfo de esos que solo consiguen su auténtica dimensión en el cómputo final de la temporada.

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