«Un estafador vive de las estafas, yo vivo del trabajo». Rafael Eugenio Galera Cabrera, empresario acusado del «pufo» inmobiliario de Horta, rompe su silencio para ofrecer su versión a Crónica Global y defenderse de los testimonios sobre la venta de pisos heredados y su supuesta insolvencia.

Uno de sus clientes del servicio afirma que le procuró poner un piso con cargas tal y como si estuviera limpio y, al descubrirse la situación, se le devolvió solo una parte del dinero adelantado en las arras. «Un estafador que hace pufos no devuelve 13.000 euros de 15.000, se queda los 15.000″, apunta Galera.

¿Insolvente?

«No soy insolvente«, señala el empresario, que charla sin tapujos sobre su coyuntura económica. Precisa que en estos instantes está «en un desarrollo de higiene económica» y, por este motivo, logró entender a la letrada del cliente que le venía «muy mal abonar» la cantidad sobrante en estos instantes.

Galera no esconde que le persiguen las deudas: tiene 80.000 euros atentos de pago. En los últimos tiempos, ha limpiado una gran parte de los seis millones que llegó a deber tras el pinchazo inmobiliario de 2008, en tanto que en ese instante tenía varios pisos en cartera. Perdió las compañías y en este momento trabaja como autónomo.

Rafael Galera, empresario inmobiliario de Horta / CG

Penalizado por infiel

El inmobiliario justifica con estos «inconvenientes con el banco» y «por tranquilidad» las transacciones que logró desde la cuenta de su exmujer a su cliente. El cliente de la transacción frustrada, Rubén Aparicio, demandó la devolución de las arras; la familia vendedora accedió, pero el mediador dejó 2.000 euros por abonar.

Galera afirma que sus inconvenientes de liquidez son temporales y que no desecha devolver esta cantidad más adelante. No obstante, manifiesta que Aparicio «no fué leal«, pues tras estos inconvenientes adquirió otra vivienda por su cuenta, con lo que se cobra 2.000 euros por el «trabajo» y el «tiempo», que «tiene un coste». Una resolución que no se acordó a priori con el cliente.

«Despiadado»

El empresario niega las acusaciones y cree que Aparicio llevó «una rencilla personal al radical» de «la crueldad pura». El piso que procuró vender se encontraba gravado por la ley de Cuba, derogada sin efectos retroactivos, que impedía heredar totalmente a las viudas a lo largo de un par de años y por consiguiente complicaba las compraventas y las hipotecas.

Los especialistas jurídicos consultados describen una situación de esta clase como una carga y un vicio oculto, en tanto que el contrato de arras anunciaba un piso sin cargas. Galera lo niega, reitera que que hablamos de una fácil anotación que se puede remover en el registro y que la compromiso de interrumpir el contrato fue del cliente, no de la parte vendedora como acostumbra interpretarse en estas situaciones. «La nota fácil afirma la palabra carga«, recuerda el cliente, que afirma que el empresario le reconoció la deuda y le prometió que pagaría.

Un óptimo samaritano

El empresario arguye, además de esto, que el cliente no le avisó su intención de interrumpir la operación, si bien pasaron los meses de las arras y no se ha podido materializar por la «sorpresa» de las cargas. Aparicio se comunicó con la inmobiliaria por teléfono, Whatsapp, e-e correo electrónico y burofax. «Aquí no ha llegado nada, ¿que un cartero no me encontró?», responde el responsable del negocio.

Galera fue denunciado por un cliente de su previo compañía, al que afirma que devolvió el dinero una vez que un juez anulara la venta de un piso vendido al lado de su exesposa en régimen de gananciales. En este momento, procura abonar sus deudas y resalta que es un «buen vecino y ciudadano». «He enseñado valores a los pequeños», enseña el asimismo exentrenador de clubs de fútbol infantiles en ciudades como Badalona, L’Hospitalet y Badalona.

Asimismo asegura que cooperó financieramente con las colonias para pequeños de mosén Bernat Gimeno en la parroquia de Sant Pius X. «No me creo un leal devoto, pero todas y cada una la gente disponemos cosas buenas», manifiesta el empresario, que se afirma entregado a «contribuir a el resto».