Cataluña ha iniciado el año sin capitales, con la prórroga obligada de los de 2022, mientras que se sostienen profundas negociaciones, más que nada entre ERC y el PSC, para lograr un convenio que rompería los bloques independentismo-no independentismo y significaría un vuelco esencial en la política catalana, atascada entre los prejuicios y las consignas irreales.

Los dos partidos, igualados a 33 escaños en el Parlament, mantuvieron ahora una quincena de asambleas cuyo resultado fluctúa –unos días el acuerdo está cerca y otros se distancia—, nada nuevo por otro lado en cualquier negociación, que asimismo es dependiente de quién lleve a cabo el cómputo: mientras que el Govern proclama que el acuerdo está prácticamente hecho, los socialistas afirman que “no va a haber pacto hasta el momento en que esté todo acordado”. Si bien ahora hubo acuerdo en 147 partidas por un valor de mucho más de 5.000 millones de euros, el PSC sintetiza su situación en “o todo o nada”. 

La situación es dificultosa por el hecho de que simultáneamente ERC negocia, si bien con menos intensidad, con su exsocio Junts per Catalunya (JxCat), ciertas de cuyas proposiciones son incompatibles con las del PSC. Además de esto, ERC ha reconocido que fue un fallo pactar primero con En Comú Podem, lo que condiciona el acuerdo con el PSC pues los comuns rechazan categóricamente las considerables demandas socialistas para respaldar las cuentas.

Estas demandas son la ampliación del campo de aviación de El Prat –el PSC desea que se aborde en el primer semestre del año—; el emprendimiento de ocio Hard Rock Café, al lado de Port Aventura, que los comuns consideran “sangría y ludopatía”, y que los socialistas demandan que se empiece este año, y el cuarto cinturón en el Vallès, emprendimiento que el PSC solicita que se estable en un par de meses. A los tres enormes proyectos se enfrenta ERC, aparte de los comuns.

Entre ERC y el PSC se sostienen asimismo disconformidades en otros 2 temas: los socialistas requieren control parlamentario de las subvenciones a los medios en catalán y del Centre d’Estudis d’Opinió (director ejecutivo). Los republicanos no están prestos a abandonar la concesión de las subvenciones desde el Govern por el hecho de que no en balde son un medio de promover el clientelismo y de influir en la línea ideológica de los medios, ni a dejar de supervisar las investigaciones del centro oficial de la Generalitat. El segundo tema es la demanda del PSC de que se congele la apertura de delegaciones en el extranjero, las llamadas embajadas, y se examinen las que están en marcha (siete de 20), que ERC desea consolidar sin abrir por ahora otras novedosas.

A todas y cada una estas necesidades, los republicanos responden que son de carácter extrapresupuestario y no tienen que incluirse en la negociación de las cuentas, un razonamiento frágil si tenemos en consideración que ERC condicionó su acompañamiento a los Capitales En general del Estado a los indultos, primero, y después a la derogación del delito de sedición y a la reforma del de malversación, cuestiones rigurosamente políticas que no tenían un reflejo en los capitales. El PSC le devuelve en este momento la pelota a ERC a fin de que pruebe su medicina.

Una opción alternativa a la negociación con el PSC es un convenio entre ERC y JxCat, que chocaría con el pacto con En Comú Podem, por poner un ejemplo en la política fiscal. ERC y comuns ahora han acordado la creación de nuevos impuestos y la subida de otros, al tiempo que JxCat lo que solicita es lo opuesto: bajar el IRPF y el impuesto de sucesiones.

Superada por la aritmética parlamentaria la oposición inicial de Oriol Junqueras a pactar con los socialistas, la solución mucho más segura todavía es un pacto entre el Govern de ERC y el PSC que, con los comuns, daría una suma de 73 escaños en el Parlament, en el momento en que la mayor parte absoluta es de 68. Por el hecho de que el cobijo en la prórroga presupuestaria sería una pésima salida, que rebajaría las cuentas en unos 3.000 millones de euros y también impediría a ERC gobernar a solas con solo 33 miembros del congreso de los diputados. No habría mucho más antídoto que convocar selecciones adelantadas, que absolutamente nadie desea en este momento. Por contra, el pacto rompería el bibloquismo y aportaría madurez y realismo a la política catalana.