Pedro Sánchez merece mi admiración. El presidente es un animal político como pocos hubo en España, con la capacidad de hacerse con el poder y sostenerlo a toda costa en oposición a todo y de todos.

Eso hace un tiempo que todos lo sabíamos, por este motivo no es tan asombroso que en solamente unos meses pasara de garantizar que en el 1-O hubo rebelión, asegurar que no pactaría con los independentistas y jurar que penalizaría la convocatoria de referéndums ilegales, a indultar a los causantes del golpe al Estado, derogar la sedición y licuar la malversación (del 25% en español ahora ni les cuento).

En resumen, a Sánchez le resbala todo con tal de sostener el poder. Y vendería a alguno por conseguirlo. Pienso que en eso nos encontramos todos en concordancia. Y hay que valorarlo, pues ese talento no está al alcance de alguno. La mayor parte de la gente no podría reposar por las noches con esto. Él sí. Un crack, vamos.

Quienes no meritan tanto mi admiración son los que se creen los razonamientos que vende el presidente para justificar sus acciones. Así sean socialistas de buen corazón o “nacionalistas moderados no independentistas” (de este modo se me presentaba alguno en una tertulia televisiva hace unos días).

Hay que ser realmente ingenuo (o muy cínico) para obtener el alegato de que con los indultos, con la supresión de la sedición y con la práctica despenalización de la malversación se consiguió “pacificar Cataluña”. Tiene guasa.

En cualquier caso, y primeramente, se habría logrado “pacificar” al independentismo catalán, por el hecho de que el resto de catalanes vivíamos muy relajados si no fuese por la que liaron los dirigente nacionalistas. Y, en segundo, los líderes del procés y sus seguidores ahora se habían pacificado con la intervención policial bajo orden judicial el 1-O, con la intervención de la justicia tras el golpe, y con la intervención del Senado (155).

En verdad, las cosas estuvieron muy distendidas y pacificadas en “Cataluña” a lo largo de los un par de años siguientes al 1-O. Y solo en octubre y noviembre de 2019 hubo altercados tras conocerse la sentencia del procés. Todo ello a pesar de que Sánchez ahora regía desde hacía año y medio, y de que la sombra de los indultos (y otras regalías) sobrevolaban la órbita socialista desde hacía meses (¿recuerdan a Iceta?).

No nos cuenten cuentos, por favor. Es un insulto a el intelecto vincular los indultos, la derogación de la sedición y desactivación de la malversación con la “pacificación” de los independentistas.

Además de esto, como bien afirma Joaquim Coll a propósito de la novedosa malversación que diferencia la pena dependiendo del destino final del dinero público robado, “varios catalanes hubiésemos favorito que [los líderes del procés] se hubiesen comprado varios pisos de mucho lujo en vez de atentar a lo largo de años contra la convivencia y llevarnos al punto de tensión popular que habitamos 2017”. 

Sea como fuere, los líderes secesionistas dejaron claro constantemente que lo volverán a llevar a cabo (aun existe algún libro con ese título). Y ellos, en contraste a Sánchez, acostumbran a cumplir lo prometido. A lo largo de años informaron de que preparaban un referéndum independentista para festejarlo por las buenas o por las malas. No les creían en La capital de españa, a pesar de que los catalanes constitucionalistas les advirtieron (les advertimos) constantemente. Pero de esta forma ocurrió.

En este momento, prosiguen asegurando que lo volverán a realizar. Nuestro Junqueras aseguró esta semana en un reportaje con Gemma Nierga que el nuevo referéndum independentista que propuso ERC se va a hacer pactado o de manera unilateral (Vean el minuto 10 de la entrevista: –“¿ERC optaría por la vía unilateral?”. –“ERC protege todas y cada una de las vías democráticas”. –“¿Pero la vía unilateral es una vía democrática?”. –“Es obvio que es una vía democrática”).

No semeja que la amnistía (que es lo que en la práctica piensa el paquete indultos-sedición-malversación, como asimismo apunta Coll) haya servido para pacificar nada. Si no lo han vuelto a llevar a cabo, por ahora, es por el hecho de que no deseaban recibir exactamente la misma contestación que tuvo el 1-O. Desordenar parte importante de los instrumentos legales que dejaron ofrecer aquella contestación está claro que hace mucho más simple y mucho más económico volverlo a realizar.

En este momento, solo precisan algo de tiempo para rearmarse, recobrar fuerzas y regresar a la carga (la única diferencia entre ERC y JxCat es que los segundos tienen mucho más prisa). ¡Ah! Y que haya un Gobierno del PP, claro (así sea en uno, de cinco o de nueve años). Pues contra la pérfida derecha (mucho más aún en el momento en que acuerde con Vox) es considerablemente más simple justificar el golpe y seducir a ciertos constitucionalistas ilusos de que lo hacen pues no tienen mucho más antídoto.

Es suficiente con rememorar que todavía alguno de ellos prosigue suponiendo el mito de que “el PP es una máquina de realizar independentistas”, a pesar de que los secesionistas nunca habían tenido tanto acompañamiento electoral (en votos y en escaños) como en las autonómicas de febrero de 2021, en el momento en que Sánchez ahora llevaba un par de años y medio en el poder aplicando su estrategia del contentamiento y de la desinflamación.

Si bien, así como está la cosa, quizás no realice falta un Gobierno del PP, y sea nuestro Sánchez el que se haga más fácil el referéndum secesionista o algo similar. Al final de cuenta, en este momento afirma que no va a haber referéndum, como antes aseguró que no pactaría con los independentistas, que no habría indultos y que no tocaría la sedición. Llegado la situacion, le va a bastar con argumentar que, más allá de lo prometido, el referéndum es preciso para sostener la paz y la seguridad en Cataluña. Y ciertos le van a creer.

En cualquier caso, interpelado sobre esta cuestión, el asesor de Interior de la Generalitat, Joan Ignasi Elena (ERC), fue clarísimo este miércoles: “Muchas son las cosas que dijeron que no pasarían y han acabado pasando, y van a ser considerablemente más las cosas que comentan que no van a pasar y terminarán pasando, como por poner un ejemplo festejar un referéndum”. En este momento solo queda por comprender si Sánchez asimismo terminará cediendo en esta cuestión.