Soledad Álvarez (Santurrón Domingo, 1950) ten en cuenta que fue una pequeña “muy flaquita y pequeña”, con un planeta imaginario intensísimo, y que su mamá, “una de esas señoras de antes, muy atentos de la poesía”, le cantaba poemas de Rubén Darío, como aquel que afirmaba: “La princesa está triste. ¿Qué va a tener la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color”, recita de memoria esta conocida poeta y autora dominicana de 72 años.

Álvarez, Premio Nacional de Literatura 2022, termina de recibir en La capital de españa el XXII Premio Casa de América de Poesía por su poemario Tras tanto arder, donde se sumerge en la privacidad de la mujer casada –uno de sus temas recurrentes— para obtener sus fracasos y desencantos, todos esos símbolos del olvido y la desaparición de las ilusiones.

Maravillada con Barcelona

“Fue mi madre quien me contagió por este amor temprano por la literatura”, reconoce la autora, que se afirma una apasionado incondicional de Barcelona. “En el momento en que yo llego a Barcelona siento que podría vivir ahí en todo momento. Me maravillan sus escritores, son luchadores”, afirma. Además de esto, recuerda, en la ciudad más importante catalana viven cerca de 16.000 dominicanos, en su mayor parte emigrantes que abandonaron la isla en pos de una vida mejor.

“Somos un país de emigrantes, nos encontramos por doquier”, se ríe, aceptando que la República Dominicana es todo en su poesía. “Siento bastante la isla, soy muy dominicana, mi poesía tiene bastante que ver con la mirada a la verdad de mi país”, añade la autora, que con solo 15 años logró que le publicaran su primera obra, un cuento, que apareció en el suplemento literario del períodico El Caribe, dirigido entonces por Manuel Valldeperes, exiliado catalán republicano en Santurrón Domingo. “Allí comenzó todo”, recuerda. “Ver mi nombre en el diario fue como una revelación. Decidí en ese instante que lo mío era la literatura”, añade.

La poeta Soledad Álvarez / CEDIDA

Jamás padeció discriminación por redactar poesía

Huyendo de la frágil situación política en Santurrón Domingo, Álvarez se fue a La Habana para estudiar Literatura Latinoamericana a lo largo de cinco años. “Fue un tiempo muy importante en mi vida. Ver desde fuera (a tu país) es algo que mucho más nos enriquecen”, enseña. Al regresar, trabajó en el suplemento cultural Isla Abierta, del periódico dominicano El día de hoy. Simultáneamente a su profesión de periodista, comenzó a difundir poesía, un arte que en las décadas de 1970 y 1980 parecía aún gobernado por hombres.

Pese a todo, Álvarez jamás sintió discriminación como mujer. “Eso no significa que no permanezca. Es verdad que enormes autoras fueron dejadas de lado durante la historia, pero siempre y en todo momento me sentí muy querida”, afirma.

El peso de ser mujer

En este último poemario, concebido a lo largo de la pandemia, fue donde por vez primera sintió el peso de ser mujer. ¿Por qué razón? “Pues debí encerrarme en mi casa, en Beato Domingo, con mi marido un tanto mayor, y debía ocuparme yo de todo. Deseaba leer, redactar… pero se encontraba tan agotada que no podía llevarlo a cabo. En el libro admito este padecimiento de la feminidad”, dice.

Tras arder trata eminentemente sobre la mujer casada, entre los temas recurrentes de su obra, si bien en esta ocasión tiene el matiz de la condena de la vida de pareja. “La mujer casada, se levanta todos y cada uno de los días a exactamente la misma hora, del mismo lado de la cama. Silenciosamente, ahuyenta a los pájaros del sueño –su sed de cielo, su apetito de supones— y atados los pasos a la tierra, atraviesa el umbral, del cuadro que la espera…”, redacta.

“La condición de mujer casada debe ver con la palabra casa, la mujer sabe hacer hermosura a su alrededor. Una vivienda viva. Los hombres lo ven diferente”, opina.

Soledad Álvarez con el libro 'Después de tanto arder' / CEDIDA

Soledad Álvarez con el libro ‘Tras tanto arder’ / CEDIDA

Entre lo extraño y lo enriquecedor

Otro de los temas que Álvarez trata en su poesía es el de ver la verdad de su país, República Dominicana, desde una observación distante, algo que aprendió estando en Cuba.

“No obstante, en el momento en que te alejas bastante, como es la situacion del exilio, asimismo puede ser realmente triste”, afirma. “No me puedo imaginar viviendo siempre y en todo momento fuera de mi país”, añade. Para la poeta, que tiene bastantes amigos dominicanos asilados en el extranjero, no hay algo mucho más horrible que tener que dejar “tu espacio, tu cielo… Ha de ser horrible pues es transformarte en un extraño, pero al tiempo ha de ser enriquecedor. Debe tener sus matices de superación, de estimar ser mejor persona”, dice.

Los enormes aventureros

Y eso lo saben bien en un país de emigrantes como República Dominicana, lo sean por temas políticos o económicos, si bien para ella no cabe duda de que es considerablemente más duro ser de estos últimos.

“Los primeros se marchan con compromiso propia, pero en el momento en que te vas en pos de la vida, hay que ser realmente intrépido. La valentía de los que van fuera de su país ha de ser siempre y en todo momento conocida. Los emigrantes son personas de sobra valía que los que nos quedamos. Son los enormes aventureros”, opina.